¡NUESTROS PEQUEÑOS Y FUERTES PROTECTORES!

Bioquímica Microbióloga Romina Clementi,  romina_clementi@hotmail.com

Los humanos estamos conformados por 10 billones de células, pero no somos individuos aislados de la vida que nos rodea, un número 10 veces superior de microbios habitan nuestro interior, piel y cuero cabelludo; realizando funciones esenciales para la salud y bienestar, ellos conforman nuestra microbiota normal.

LOS INVITO A EXPLORAR NUESTRO MICROMUNDO….DE LO DESCONOCIDO A LO CONOCIDO…

¿AHORA SE PREGUNTARAN QUÉ ES LA MICROBIOTA?

Es el conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, arqueas, virus y parásitos) que reside en nuestro cuerpo, que a su vez pueden diferenciarse en comensales, mutualistas y patógenos. En cada una de las diferentes localizaciones de nuestro cuerpo, como la piel, las mucosas, el tracto respiratorio, la vagina o el tracto digestivo podemos encontrar ecosistemas microbianos complejos y adaptados a las particularidades de cada nicho. De todos ellos, el más complejo, diverso y numeroso es el asociado al aparato digestivo, particularmente en el ciego donde la densidad de microorganismos es la mayor que hay en nuestro cuerpo. Estas comunidades tienen un comportamiento simbiótico y mutualista con las células eucariotas humanas que son imprescindibles para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo

¿COMO OBTENEMOS LA MICROBIOTA?

Es posible que se inicie en el útero materno, porque se han detectado bacterias, aunque en muy baja concentración, en placenta, líquido amniótico y meconio. En cualquier caso, probablemente la primera exposición significativa del niño al universo microbiano ocurre durante el parto, como consecuencia de su contacto con la microbiota vaginal y la propia de la zona perineal. Esta colonización se ve favorecida por el pH gástrico relativamente elevado y la secreción atenuada de bilis típicas de los recién nacidos. La evolución posterior de la microbiota va a estar muy ligada al  régimen alimenticio del niño. Así, durante los primeros meses solo tomará leche, que promoverá el establecimiento de lactobacilos y bifidobacterias; los primeros porque metabolizan la lactosa muy eficazmente y las segundas debido a que en la leche humana se encuentran una serie de oligosacáridos complejos que utilizan muy bien. Dichos oligosacáridos no se encuentran en la leche de otros mamíferos y no los podemos asimilar, por lo que parece que su función sería precisamente favorecer el establecimiento de las bifidobacterias en nuestro intestino.

A los 5-6 meses de edad se inicia la toma de papillas de frutas, lo que supone el aporte de monosacáridos como la glucosa y la fructosa, pero también de polisacáridos como la pectina, lo que promueve la colonización por bacterias de la división Firmicutes y la diversificación del ecosistema intestinal. Entre unas dos semanas y un mes después se inicia la alimentación con purés de verduras, que contienen multitud de polisacáridos complejos y facilitan la llegada de los Bacteroidetes y el asentamiento definitivo de los Firmicutes. La adición paulatina de carne, yema de huevo y pescado a los purés provocaría la colonización por Escherichia coli y otras proteobacterias, de manera que, en el momento del cambio a una dieta adulta, ya estarían en el intestino todos los actores que determinarán el asentamiento de una microbiota madura y compensada, lo que ocurre, más o menos, a partir de los dos años de edad.

¿PARA QUE SIRVE ESTA CANTIDAD DE MICROBIOS QUE NOS RODEAN?

¡Ellas hacen una gran tarea! Las bacterias que se encuentran en nuestra piel ayudan a combatir las infecciones; por ejemplo, la especie Staphylococcus epidermidis secreta toxinas que matan a los patógenos y además envían señales a nuestro sistema inmune para acelerar la curación de heridas o infecciones. Los microorganismos de nuestras gargantas reconocen y atacan a patógenos que pueden llegar a enfermarnos. Bacterias presentes en nuestros pulmones ayudan a aminorar la respuesta de nuestro sistema inmune al polvo y a algunos otros patógenos, impidiendo los ataques de asma.

La flora intestinal es capaz de fabricar algunas vitaminas como las del grupo B (fundamentalmente B12, biotina, ácido fólico y pantoténico), además de la vitamina K, cumple una función protectora frente a ataques externos, tiene la capacidad de impedir la implantación de bacterias patógenas, que son las causantes de muchas infecciones y enfermedades, esta función se conoce como “efecto barrera” y además refuerza nuestras defensas frente a bacterias y virus, nos protege frente a diarreas por tratamientos antibióticos, enfermedades digestivas e incluso alteraciones alimentarias.

¿CÓMO AFECTA EL ESTRÉS, LA TOMA DE MEDICAMENTOS, LOS MALOS HÁBITOS ALIMENTICIOS Y EL EXCESO DE HIGIENE A NUESTRA MICROBIOTA?

Estrés:  es el gran enemigo de nuestra microbiota y de la salud en general, produciendo alteraciones en la motilidad gastrointestinal, cambios en la secreción gastrointestinal , efectos negativos en la capacidad regenerativa de la mucosa gastrointestinal y el flujo sanguíneo de la mucosa, efectos negativos sobre la microflora intestinal.

Medicamentos: Hace años que la población está concienciada de que no se debe abusar ni tomar libremente antibióticos, aparte del peligro de crear resistencia bacteriana también destruyen gran parte de las bacterias beneficiosas que tenemos. Pero los antibióticos no son los únicos, otros medicamentos considerados “inofensivos” que consumimos a diario como el Ibuprofeno y otros AINES también se ha comprobado que dañan la barrera intestinal.

Malos hábitos alimentarios: Una dieta con abundancia de productos procesados, azúcares y gluten y escasez de frutas y verduras también es perjudicial para nuestras bacterias. Mantener una dieta nutritiva, sana y equilibrada es una de nuestras mejores herramientas para cuidar la salud intestinal.

Exceso de higiene: Gracias a los antibióticos y a una gran mejora en nuestras condiciones higiénicas se han salvado millones de vidas en el siglo pasado, pero esta guerra contra las bacterias nos ha llevado a un extremo opuesto, donde una disminución de bacterias también perjudica nuestra salud. 

Lavarse las manos antes de comer, para cocinar o después de manipular ciertos objetos es un buen habito, sin embargo hacerlo en exceso y usar preferentemente alcoholes no es conveniente, porque quita las grasas naturales que protegen la piel de manos y las reseca, además se elimina la microbiota normal que protege; eso las hace mas susceptibles para que ciertos microorganismos, como hongos oportunistas, se instales y causen enfermedad.

“Las sociedades occidentales industrializadas estamos perdiendo nuestra biodiversidad bacteriana interna. Llevamos y transmitimos microbiotas alteradas y deficientes, lo que supone un impacto directo en nuestra salud”.

¿CÓMO PODEMOS MEJORAR NUESTRA SALUD INTESTINAL?

 Aunque ya hemos mencionado que los primeros años de vida son los más importantes para la formación de nuestra flora intestinal, todavía podemos hacer algo por la salud de nuestras bacterias.

Aparte de disminuir o eliminar los hábitos tóxicos o perjudiciales, como el estrés, uso excesivo de medicamentos, mala alimentación y utilización de jabones y desinfectantes,  podemos también fortalecer y enriquecer nuestras microbiota con aportes habituales en la dieta de probióticos y prebióticos.

Los prebióticos son aquellas sustancias presentes en algunos alimentos que no podemos digerir y sirven de alimento para nuestras bacterias, como la fibra y algunos almidones resistentes a la digestión. Por lo tanto no aportan bacterias nuevas, pero ayudan a fortalecer las que ya tenemos.

Los probióticos son bacterias vivas presentes en algunos alimentos de forma natural que aportan una mayor variedad bacteriana a nuestra propia microbiota. Especialmente alimentos fermentados como el yogurt, el kéfir, el chucrut, algunas legumbres,son ejemplos de probióticos naturales que añadidos de forma habitual a nuestra dieta aportan grandes beneficios para la flora intestinal, aparte de ayudarnos a repoblar nuestras bacterias tras un tratamiento con antibióticos.

EN CONCLUSION… Nuestro cuerpo a parte de células humanas está formado por billones de bacterias que viven en simbiosis con nosotros, la inmensa mayoría en nuestro intestino, ayudándonos a realizar un gran número de funciones vitales sin las cuales no podríamos sobrevivir.

Cuidar nuestra microbiota es una pieza clave para nuestra salud, por ello debemos controlar el estrés, realizando ejercicios de meditación y al aire libre que mejoraran nuestra salud mental, emocional y física restableciendo el equilibrio, disminuyendo el consumo de medicamentos, siguiendo una dieta adecuada, incorporando prebióticos y probioticos diariamente y utilizando de forma precavida los productos esterilizantes,  de esta mantera nuestra microbiota se mantendrá en muy buena salud.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

Referencias

1. Alarcón CaveroT, D’Auria G, Delgado PalacioS, Del Campo Moreno, R, Ferrer Martínez, M. Microbiota. 59. Del Campo Moreno R(coordinadora). Procedimientos en Microbiología Clínica. Cercenado Mansilla E, Cantón Moreno R (editores). Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). 2016.

2. Suárez J.E.. Microbiota autóctona, probióticos y prebióticos. Nutr. Hosp.  [Internet]. 2013  Ene [citado  2018  Sep  06] ;  28( Suppl 1 ): 38-41. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112013000700009&lng=es.

3. Guillermo Cárdenas Guzmán. El microbioma humano. ¿Cómo ves? No. 167. Octubre 2012.

Palabras Claves: microbios, microbiota intestinal, probioticos, prebioticos